Historias que muestran cómo una casualidad puede cambiar la vida

Según Honoré de Balzac, el accidente es el mejor novelista del mundo.

Hoy te presentamos algunas historias de personas, cuya vida cambió bruscamente por una coincidencia.

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  • Tengo 30 años, soy dueño de un pub. Voy al trabajo en el metro. Soy bastante alto y musculoso. Un día, saliendo de un vagón, vi que una chica con una mochila enorme no podía salir del tren por su cuenta. Decidí ayudarla: la tomé de su capucha y salí con ella. A la mañana siguiente, vi que me estaba buscando con los ojos en el vagón; así duramos dos meses viajando juntos en el mismo tren y yo le ayudaba a bajar.Ella compartía conmigo un audífono y se comportaba de manera muy tierna y humilde, incluso empecé a lamentar que solo tuviera 15 años. Pero un día se descubrió que ella no iba a la escuela, como pensaba yo, sino al trabajo y que tenía 25 años. Resultó que durante 2 meses sacaba del vagón por la capucha a una funcionaria. Y hubiera sido mi error más épico de los últimos 30 años si no hubiera aceptado ir a una cafetería conmigo.
  • ¡Jamás adivinarías lo que descubrí hoy! En cuarto de primaria, antes de las vacaciones de verano, les estábamos regalando flores a los maestros, y tenía un ramo enorme. Era para alguno de ellos… ¡Pero eran crueles e injustos! Entonces se lo regalé a quien de verdad lo merecía: la señora de la limpieza. Pero al año siguiente, no la volví a ver. Nueve años después, un amigo me contó que ella era su vecina y por aquel ramo de flores, de tanta felicidad, renunció a la escuela y abrió su negocio. Dice que le regalé esperanza.

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  • “¿Y qué tal si es el destino? Y no estoy maquillada”, siempre me decía. Hasta que me rompí la pierna en dos puntos después de caerme en el baño. Fui a la sala de emergencias con una pierna rasurada hasta la mitad, con un esmalte de uñas semi despintado, con un suéter de la abuela y sin una pizca de maquillaje. Ahí fue donde conocí mi destino: a un chico con un brazo roto y con una barba rasurada a la mitad. Llevamos 5 años juntos.
  • Un día por la noche escuché que algo cayó en el pasillo. Resultó que era un libro. Se cayó del librero abierto en la página con el título “Cómo bajar de peso”. Lo tomé como una señal.
  • Un día fui a un club con una amiga, estaba sentada en el bar, se me acercó un chico y me dijo: “Vamos a mi casa, te enseñaré a mi mapache”. Claro que estaba coqueteando conmigo, pero jamás lo había hecho de esa forma. Me provocó mucha curiosidad y accedí. Al llegar a su casa, abrió la puerta y nos recibió… ¡un mapache DE VERDAD! Desde hace unos meses, vivimos juntos: yo, mi novio y nuestro mapache.

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© depositphotos  

  • Iba en un autobús a la escuela, tenía un examen. De pronto mi voz interior me dijo: “Bájate en esta parada, entra a la cafetería y haz un puente“. Pensé que era una tontería pues ¡tenía un examen! El autobús se detuvo, algo sucedió en mi interior y me bajé. Entré a la cafetería, hice un puente y de pronto escuché que un hombre me empezó a gritar algo. ¡Salí corriendo y el hombre me persiguió! Me alcanzó y me preguntó por qué lo había hecho. Le contesté que no lo sabía. Casí estaba llorando. Hacía un mes que su familia había fallecido en un accidente. No podía aceptarlo y había decidido suicidarse. Estaba comiendo y pensaba: ”Dios, si existes y debo seguir con mi vida, dame una señal”. Y ahí fue donde aparecí yo.
  • Soñaba con viajar a Berlín, no tenía dinero y estaba ahorrando para el viaje. El último día estaba paseando por las afueras, vi una peluquería y decidí hacerme un corte. El estilista propuso hacerme un corte a su gusto, una sorpresa y acepté. En una hora convirtió mi peinado aburrido en uno tan a la moda que jamás me hubiera atrevido a hacer porque pensaba que no era lo suficientemente cool.Salí y enfrente había una tienda de ropa, decidí comprar para un look nuevo una camiseta fabulosa. La compré, después de usarla durante una semana decidí ir al gym para completar mi look de chico guapo. Al cabo de 6 meses, ya tenía un cuerpo bastante atlético y por primera vez se enamoró de mí una chica. Con ella sentí que necesitaba aprender a organizar mejor mi tiempo para que me rindiera para todo, y de paso aumentó mi eficiencia laboral.Cuatro meses después, me ascendieron a gerente, subió mi ingreso, me compré un auto y empecé a ahorrar dinero para la boda. Y ayer recibí una carta que decía que mi empresa había aceptado mi solicitud y que me iban a trasladar a otra oficina ubicada en Berlín.
  • Hace 5 años, aventé del balcón una bolsa con agua justo encima de una chica desconocida. Y ayer descubrí que hace 5 años mi esposa (la conocí hace 4 años) iba caminando a una cita con un hombre que le iba a proponer matrimonio, pero un desgraciado le había aventado una bolsa con agua encima y no pudo llegar a la cita toda mojada. Su novio creyó que era una actitud infantil y se separaron. ¡Hace 5 años arruiné la boda de mi esposa! ¡Estoy orgulloso de mí!

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© Art Pictures Studio  

  • En la universidad me gustaba mucho un chico, me gustaba tanto que siempre me imaginaba cómo salíamos juntos y cómo vivíamos una vida larga y feliz. Lo soñé tanto que después de las vacaciones, pensando en algo mío, me acerqué a él y lo besé diciéndole: “¡Te extrañé tanto!”. Por su cara sorprendida me di cuenta de que yo era una tonta. Le pedí disculpas y salí corriendo. Me alcanzó, me dijo que no había entendido qué había pasado pero que le gustaría continuar.
  • Tengo 35 años. Soy jefe en mi trabajo y un ermitaño en la vida. No tengo amigos pero tengo un hábito viejo: voy al mismo pub, me siento en el fondo y simplemente bebo Guinness.Un día, alguien me tapó los ojos en el pub y me preguntó: “¿Adivina quién es?“. La chica se dio cuenta de que se había equivocado, me pidió disculpas y se retiró al otro extremo del bar. Era tan joven, ligera y con los ojos como dos perlas negras: diferente, no como todas. De pronto el Guinnes se me hizo amargo.Durante todo este tiempo estuve esperando a alguien, pero al parecer, en vano. Como un loco empecé a pensar cómo iniciar una conversación con ella, pero no se me ocurría nada. El bar ya iba a cerrar y ella empezó a alistarse para salir. También me apresuré afuera y, bajo el pretexto de un mal día, la invité a llevarla a casa.

    En el auto ella no paraba de hablar: ¡tenía tanta vida! Se me olvidó pedirle su número de teléfono, solo lo entendí en casa. Una semana después, fui al mismo bar y la vi. Estaba sentada en mi lugar. Tapé sus ojos con las manos y le pregunté: ”¿Adivina quién es?“. Ella se echó a reír y dijo: “¡Pensaba que jamás regresarías!”.

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