9 Razones por las que no consigues convertirte en lo que sueñas ser

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Nos prometimos tantas veces a comenzar una nueva vida a partir del lunes (en Año Nuevo, después del cumpleaños), que ya hemos perdido la cuenta. Empezar a correr, dejar de comer bollos, no gritar a los niños, no ver series durante toda la noche y añade lo que tú prefieras.

¿Por qué no lo logramos? Hoy averiguamos que nos lo impiden los disparadores psicológicos (mental triggers), patrones de pensamiento que no nos dejan cambiar un comportamiento habitual.

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Cuando leemos algún libro sobre cómo acercarnos a un “yo“ ideal, nos decimos: ”Aquí no hay ningún secreto, lo sé todo por mi cuenta“. En realidad, estos consejos sí funcionan, sólo que no los seguimos, según aseguran los autores de “Disparadores (Gestión del conocimiento”, Marshall Goldsmith y Mark Reiter.

Estamos convencidos erróneamente de que ”saber“ es equivalente a ”saber cómo“. Por ejemplo, teóricamente sabemos que el niño necesita ser escuchado y será más fácil negociar y comunicarse con él. Pero en realidad, nos es más fácil (y más habitual) simplemente gritar: “¡Lo harás porque lo digo yo!” Como resultado, nos sentimos culpables, las relaciones se deterioran y nos alejamos aún más de la imagen de padres conscientes que queremos alcanzar.

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Esta sensación de que el tiempo es infinito provoca procrastinación: “Todavía tengo tiempo, pero luego lo hago“. Después de todo, la superación de uno mismo es un verdadero trabajo y mucho más agradable es soñar con ella que conseguirla. Gleb Arhangelsky en su libro ”Time Drive: Cómo tener tiempo para vivir y trabajar”, recomienda el siguiente método: dibuja un calendario, marca en él los años vividos desde tu nacimiento, y los que, como supones, te quedan por delante (¡no escatimes!). Los años pasados, táchalos con una cruz en negrita y asimila cuánto ya has vivido.

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En la línea superior: los años vividos. En el centro: el año en curso. En la parte inferior: lo que queda por vivir.

Luego haz lo mismo con todos los días del año en curso hasta hoy y, de ahora en adelante, cada noche haz una cruz en cada día que pasa. Así podrás ver claramente cuánto tiempo se va en vano y cuánto te queda para lograr todo lo que te has propuesto en la víspera del Año Nuevo. Es algo cruel, pero está comprobado que es muy eficaz.

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Una de las creencias más dañinas es el desprecio por el sistema y ​​es más fuerte cuanto más sencillo es el mismo. Nos parece que sólo lo complicado funciona y merece nuestra atención. Por ejemplo, es más fácil creer en la eficacia de la meditación, que como por arte de magia eliminará tu ansiedad (pero no sabes meditar y nunca lo intentaste), que simplemente intentar detener los pensamientos negativos que nos visitan antes de dormir, por ejemplo las reflexiones infinitas sobre nuestros fracasos o las fantasías acerca de las cosas malas que podrían suceder a nuestros seres queridos.

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Cuando planificamos cambios, nos decimos que podremos con ellos y confiamos en nuestra fuerza de voluntad y autocontrol. En realidad, subestimamos el poder de las tentaciones que nos desvían de nuestro camino. Tal vez sin ayuda externa, simplemente, no podremos ganar.

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Tendemos a justificar nuestras desviaciones de la trayectoria prevista con frases típicas como “hoy es un día especial“: ”Celebramos un cumpleaños y, por lo tanto, se puede comer mucho“, “Esta semana tengo mucho trabajo, entonces no podré continuar con mi entrenamiento”, ”Este mes estoy muy nervioso, por lo que, me merezco una cerveza cada día antes de dormir”. Y así sucesivamente.

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Es parecido a lo que pasa cuando llegas tarde: cuando hacemos nuestros propios cálculos del tiempo necesario para ir a un sitio, a menudo nos imaginamos un perfecto conjunto de circunstancias. No habrá atascos de tráfico, en la tienda no habrá colas. “Siempre planificamos como si fuéramos a vivir en un mundo perfecto donde nadie nos molesta y podemos concentrarnos plenamente en lo que hacemos”, precisan Goldsmith y Reiter. Por supuesto, en la vida real esto no funciona y los planes rotos conducen a la frustración y a la pérdida de interés hacia nuestras metas.

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A menudo, esperamos convertirnos en aquello que soñamos ser en el futuro, como si nos fuera a llegar por arte de magia. Eso llegará como una luz repentina que proporcionará la energía y el estado de ánimo necesarios para el cambio. ¿Qué será? Una conferencia extraordinaria, un viaje, clases de yoga, cada uno tiene lo suyo. Sin embargo, casi nunca sucede así. El futuro es lo que hacemos hoy mismo.

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Nos enseñan a aceptarnos tal y como somos. Y con razón. Pero esto no quiere decir que debamos huir a lo loco de los cambios que nos llevan a una situación mejor. ¿Te has encontrado con gente que no recuerda los nombres de personas que acaba de conocer y habla de eso casi con orgullo?

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Sin embargo, si estas personas realizaran un poco más de esfuerzo podrían causar una mejor impresión y ya no entrar en situaciones incómodas. Si nos pegamos la etiqueta de “no soy yo“ o ”yo soy así”, nunca cambiaremos para mejor.

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La cultura de masas nos introduce en un pensamiento pernicioso: “Seré feliz cuando…“ Nos han impuesto la creencia de que la felicidad es una meta final inmóvil a la que podremos llegar cuando subamos un peldaño de nuestra carrera, compremos aquella casa, nos encontremos con aquel compañero, cualquier cosa”, señalan Goldsmith y Reiter. En realidad, cuando se alcanza lo deseado, tenemos que seguir trabajando. Al bajar de peso una vez, no se mantendrá nuestra figura si volvemos a comer todo lo que nos entra por los ojos.

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“Vivimos en una sociedad donde a las personas les resulta increíblemente difícil conseguir lo deseado, es difícil hasta creer que esto es posible y que todo el mundo tiene el derecho a esto. Los que nos criaron, en su mayoría, no tuvieron estas oportunidades, ni apoyo. No consiguieron aquello que querían y culpaban de esto o bien a las circunstancias (la “dura realidad”) o a sí mismos. Con otras palabras: los sentimientos de los padres hacia nuestro éxito fueron contradictorios“, asegura Barbara Sher en su libro “Cómo conseguir lo que realmente quieres”.

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La forma más sencilla de aprender a lograr tus objetivos es viviendo entre personas que estén abiertas a lo nuevo, que no teman explorar el mundo y te animen a hacer lo mismo. No todo el mundo es tan afortunado. Pero el camino aparece siempre debajo de los pies del que anda y somos capaces de convertirnos en un apoyo y buen ejemplo para nosotros mismos.

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